| |
Los temas programáticos atraviesan nuestra actuación en los tres
territorios: Ayacucho, Cusco y Lima. Constituyen el marco de
referencia para la reflexión y la elaboración de conocimiento desde
nuestra experiencia y son trabajados por nuestros equipos con
determinados énfasis según el contexto regional. Esto nos permite
consolidarnos como comunidad de pensamiento y construir colectivamente
el conocimiento y las propuestas de política educativa que
TAREA aporta al país. Para el periodo quinquenal
2007-2011 hemos definido cinco temas programáticos: interculturalidad,
educación rural, gestión local de la educación, formación de
ciudadanía democrática y desarrollo profesional de la docencia.

Nuestro trabajo en contextos bilingües nos ha permitido identificar
formas de exclusión en la escuela y en la lógica de acción local de
autoridades políticas y educativas, basadas en un paradigma de escuela
civilizadora y monocultural.
Apostamos por la construcción de una educación intercultural que ayude
a superar el paradigma de la escuela homogeneizadora, fortaleciendo
las experiencias de escuelas interculturales que promuevan la
construcción de lazos sociales de mutuo reconocimiento y trato justo
entre las personas, como base para compartir proyectos comunes desde
la diversidad de la región y del país.
Entendemos lo intercultural como un proceso que se construye
permanentemente, confrontando relaciones asimétricas entre culturas.
Como proceso pedagógico, propicia aprendizajes para el reconocimiento
de los saberes y de las diversas racionalidades en la construcción del
conocimiento. Como proceso político, cuestiona las relaciones de poder
en la escuela y en la comunidad, y la crítica a la ideología que
genera el poder en función de su lógica de control de las personas. En
lo ético promueve el reconocimiento del otro diferente y válido en sí
mismo, valorando la diversidad como riqueza.
En el ámbito de la educación, la interculturalidad no está referida
únicamente al espacio rural, vinculado a lo bilingüe, sino también a
lo urbano, como propuesta de país justo, diverso y democrático.

Nuestro trabajo recupera el proceso de construcción de ciudadanía
democrática que hemos venido desarrollando con los diferentes actores
educativos en escuelas y localidades.
Nos hemos confrontado con una educación que se funda en la negación de
la ciudadanía de los sujetos al promover el aprendizaje de la
pasividad y la sujeción. Es una escuela con una pedagogía que niega la
discrepancia y alimenta el dogmatismo frente al saber, sin propiciar
procesos de pensamiento y de desarrollo de la criticidad.
Por ello, con los actores del proceso educativo, es necesario
profundizar la formación para la ciudadanía democrática, generando en
la práctica pedagógica, en la vida escolar y en la gestión educativa
local, experiencias de democracia y de desarrollo de pensamiento
crítico, fortaleciendo su conciencia de derechos, su participación y
protagonismo.

En el trienio anterior se impulsaron los procesos de concertación
educativa local como consecuencia del proceso de descentralización y
de la elección de nuevos gobiernos regionales en todo el país. Esto
configuró un nuevo escenario en el que los ámbitos local y regional
asumieron más iniciativas, en especial en cuanto a la elaboración de
los proyectos educativos. Surge así la tarea de trabajar en el
desarrollo de las capacidades de quienes participan en estos espacios,
y en la producción del conocimiento para pensar desde las localidades
y las regiones, propuestas coherentes y viables.
En este sentido, es necesario afianzar el carácter democrático del
proceso de descentralización, fortaleciendo las organizaciones
educativas (redes educativas, mesas de educación y cultura, y
movimientos educativos regionales, entre otros), y ampliando la
capacidad de establecer conexiones entre ellas.
Fortalecer el rol educador de los gobiernos locales es un reto de este
periodo, dando continuidad al modelo participativo. Estas prácticas de
participación involucran acciones para evaluar y vigilar los procesos
de descentralización, y de implementación de los proyectos educativos
locales y regionales.

NNuestra experiencia en la región sur andina nos ha llevado al
encuentro con la educación rural, que constituye el sector más
desatendido por la política estatal. La extrema pobreza, sus carencias
económicas y sociales hacen más difícil que la calidad de la educación
se convierta en un factor que promueva igualdad de oportunidades.
La escuela rural ha devenido en estrategia de migración para la
población; su existencia es precaria, sin recursos, sin modelo
organizativo ni pedagogía propia, sin articulación a las posibilidades
de desarrollo del campo; sus magros resultados educativos se vuelven
contra sí, y la población rural incrementa su huida a las escuelas de
centros urbanos. Fortalecer la escuela rural es una tarea central en
la región sur andina y en el país.
Nuestra tarea se centra en promover una escuela rural en la cual los
procesos de enseñanza y aprendizaje estén marcados por patrones
interculturales y bilingües, desde una lógica que recupera la
diversidad y atienda la situación multigrado y unidocente, en una
búsqueda de modelos y formas más apropiadas.
Apostamos por una escuela rural que brinde posibilidades de acceso y
permanencia, cuidando en especial la situación de desventaja de las
niñas y niños. Una escuela rural que mejore los logros de aprendizaje
como factor de equidad y se preocupe por garantizar las condiciones de
aprendizaje y de enseñanza. Una escuela que reconozca a las familias y
a su cultura como actores protagónicos y aliados estratégicos en la
tarea educativa.

Un actor que hemos querido singularizar en nuestra acción es el sujeto
docente. Avanzamos en el desarrollo de una perspectiva de docencia
crítica y reflexiva, en la perspectiva de fortalecer la
profesionalidad docente, su autonomía y su papel protagónico en la
política educativa y en el desarrollo de un pensamiento pedagógico
propio.
Esto se expresa en la generación efectiva de formas de organización
pedagógica de maestros, que se constituyan en nuevos referentes de
ejercicio de la docencia y que posibiliten una actuación profesional
en los espacios locales y regionales.
El desarrollo profesional de la docencia exige el reconocimiento de su
práctica como ámbito de saber y de elaboración de conocimiento
pedagógico, el crecimiento de sus capacidades de reflexión,
sistematización e investigación, creando una pedagogía que atienda los
desafíos de la diversidad cultural y la equidad.
|
|